Por qué el cambio no se logra con recetas simples ni dogmas ideológicos

Leo porque me relaja. Y claro en medio, nos hace un poco mejores. En cuanto al éxito que buscamos, sabemos que no existen fórmulas mágicas ni dogmatismos que lo aseguren. Los procesos de desarrollo deben basarse en el pragmatismo, la humildad y el ensayo-error. En su libro sobre el Perú, Dargent identifica cuatro recetas reformistas comunes que, aunque populares, a menudo no logran los resultados esperados:
- Cambio de Constitución: Aunque cambies las leyes, la realidad no suele coincidir con lo que dictan estas o lo que se enseña. Los defensores del cambio constitucional frecuentemente subestiman la complejidad de las reformas y minimizan los esfuerzos necesarios para lograr cambios sustantivos, confiando ciegamente en sus aliados o en recetas preconcebidas por «anteojeras ideológicas»
- Educación en valores: Esta estrategia, según Dargent, puede ser un pretexto para desviar la atención de problemas más profundos. Confundir el mapa (ideales políticos) con el territorio es un error común, donde se cree que inculcar valores solucionará problemas estructurales sin abordar las verdaderas raíces del estancamiento.
- Más Estado vs. Menos Estado: Dargent critica a los liberales que abogan por menos Estado, señalando que no reconocen la ficción de la «igualdad jurídica» en un país con enormes desigualdades sociales, donde el tono de piel es un indicador directo del nivel de ingresos. Asimismo, propone que es preferible fortalecer las instituciones existentes en lugar de crear nuevas, evitando caer en entusiasmos como el desarrollismo de los años 70 y 80.
- Modelo extractivista vs. Modelo industrial: El autor expresa sorpresa ante la falta de aprovechamiento de los recursos naturales abundantes para industrializar el país. Propone una diversificación productiva con cierta dirección estatal como una necesidad urgente y sensata.
Dargent también señala los principales males que deben superarse, como el clientelismo político, el marxismo de manual y las ideologías anti-Estado. Ambos extremos, a menudo ligados a personajes grandilocuentes, pecan de superficialidad. El verdadero reto es más aburrido: reformar el Estado desde el fortalecimiento de sus instituciones.
El Estado es clave para hacer cumplir las leyes y legitimar los valores, y para lograr que este sea ágil y flexible, debe contar con una base material suficiente que lo haga eficiente. Un buen ejemplo es la reforma del servicio civil, donde la resistencia al cambio proviene tanto de las instituciones asentadas en el poder como de actores corruptos que temen perder sus privilegios. Incluso personas bien intencionadas pueden resistirse por falta de un entendimiento claro de la realidad.
En resumen, «El páramo reformista» nos invita a abandonar las soluciones simplistas y los dogmatismos, proponiendo un enfoque más crítico, realista y pragmático para el desarrollo del país.